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Hay una chica en el trabajo con la cual me llevo muy bien y siempre estamos platicando y haciendo comentarios medio sexosos pero sin llegan a nada porque ella y yo somos casados. Un día, de sopetón, ella me comento que su marido iba a pasar unos días fuera por cuestiones del trabajo y que su hija en las mismas fechas estaría con su colegio en una excursión de varios días, por lo que quería invitarme una noche a cenar a su casa para no sentirse tan sola y poder platicar un rato. Le dije que intentaría buscar un día y le diría, esa misma noche busque una excusa aceptable para mi mujer y a la mañana siguiente le dije que si, quedamos para el jueves por la noche, era martes, así que tenía tres días antes del encuentro. Debo reconocer que pase unos días bastante nervioso, pocos días después ella me comento que también había estado en el mismo estado.
Por fin llego el jueves por la noche, me pidió que al salir del trabajo le dejara una
hora para poder preparar todo y yo aproveche para ir a tomar una cerveza y comprar una
botella de vino para la ocasión. La cena fue fantástica, comimos, bebimos, hablamos
de muchas cosas y nos contamos cosas que en el trabajo no hubiéramos atrevido a decir,
al final, supongo que a causa del vino acabamos hablando de sexo, fue en ese momento
cuando no se porque razón por mi mente paso la idea de que si me había invitado en
ausencia de toda su familia era por alguna razón, así que pensé en lanzarme para ver
como respondía.
Me levante y sitúe detrás suyo, ella no dijo nada, así que supuse que
aceptaría mis intenciones, lentamente aplique un suave masaje en sus hombros que poco
a poco fue descendiendo por su espalda, me percate que era una sensación que ella acep-
taba de muy buena gana, ya que poco a poco fue distendiendo sus músculos y se acomodo
en la silla, cuando vi que aquello iba en serio comencé un suave besuqueo por su cuello
y los lóbulos de las orejas, poco a poco empezó a respirar de una forma que me indicaba
que iba por buen camino, mis manos pasaron de su espalda a sus costados y poco a poco,
siempre por encima del vestido acaricie sus menudos pechos, notando ya una creciente
erección en sus pezones, de repente una mano subía por mis muslos hasta llegar a la
entrepierna donde una creciente excitación causada por las caricias mantenía mi herra-
mienta aprisionada en los pantalones, mis manos empezaron a desabrochar botones y poco
a poco su cuerpo de piel tersa y suave estuvo desnudo, las caricias se hicieron más
intensas, ella aprovecho para desabrochar mis pantalones y dejar libre toda mi virilidad,
sus pequeñas manos acariciaron la herramienta produciéndome una sensación maravillosa,
el suave masaje recorría toda su longitud y se paraba breves momentos en mis testículos, se inclino sobre mi herramienta y aplicando sus labios sobre ella empezó una suave mamada, notaba como su lengua recorría mi virilidad mientras sus manos masajeaban mis testículos, el efecto fue instantáneo mi verga se hincho hasta limites insospechados y las sensaciones recorrían mi cuerpo, sin hacer ninguna objeción
agarre su suave culo la levante y se lo meti y proseguí las salvajes embestidas mientras ella se agarraba a mi espalda y me arañaba salvajemente demostrándome así el placer que sentía, nos llevo a los dos hasta limites
insospechados de placer, finalmente descargué mi leche en su interior y quedamos los dos
tendidos uno encima de otro agotados por la experiencia.

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